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Una riata capaz de producir los 3 estados de la materia

2020.11.04 18:05 HerrChaac Una riata capaz de producir los 3 estados de la materia

Escribo esta historia mientras disfruto de una natilla de chocolate que me recuerda el dulce y marrón fluir del ritmo de mi vida, cremoso, espeso y de ratos grumoso.
Estaba regresando de hacer las compras en el supermercado con mi madre, la mujer que siempre me acompañó, me amo y me mimó con un cariño fuera de este mundo. Sus gustos musicales iban desde la música que sus padres le enseñaron, hasta el pop de finales de los 90 y principios de la década del 00. Para el instante en que me di cuenta de lo que estaba pasando íbamos en la cuarta pista del álbum de éxitos del verano de 1997. Los vidrios de mi ventana fueron los primeros en salir disparados como fragmentos de una Granada seguidos del crujido de la puerta de fierro barato con el que se construyen los automóviles de la Toyota. Era un camión de helados que un piedroso de la Colonia se había volado después de asaltar al pobre conductor que venía de su larga jornada vendiéndole paletas de nesquik a los niños que venían saliendo de la primaria en el turno de la tarde. En ese momento mi mente recordó que en una clase de biología de hace 4 años el maestro nos explicó que cualquier animal mayor a 50 kilos calificaba como megafauna. Es increíble como un niño de 7 años puede caer en esa categoría, malditos sean sus padres por amamantarlos con coca cola hasta que sus miados tuvieran la consistencia del jarabe de maíz. El camión de helados se paró de golpe transmitiendo a nuestro auto toda la inercia que su satánica y drogadicta conducción le acumuló. Vi mis dos piernas temblar como espaguetis recién cocinados un segundo antes de que nuestro vehículo comenzara a dar vueltas sin control al ritmo de BACKSTREETS BACK, ALRIGHT! TU TURURURU TU TURURU. Salí disparado por la ventana como si estuviera en modo creativo para después aterrizar sobre la suave ventana de cristal de un sex shop que estaba incómodamente en medio de la avenida, ahí desperté lleno de sangre, vidrios y el lubricante anal de máximo rendimiento que ten [8:01 p. m., 5/10/2020] Satán: Escribo esta historia mientras disfruto de una natilla de chocolate que me recuerda el dulce y marrón fluir del ritmo de mi vida, cremoso, espeso y de ratos grumoso.
Estaba regresando de hacer las compras en el supermercado con mi madre, la mujer que siempre me acompañó, me amo y me mimó con un cariño fuera de este mundo. Sus gustos musicales iban desde la música que sus padres le enseñaron, hasta el pop de finales de los 90 y principios de la década del 00. Para el instante en que me di cuenta de lo que estaba pasando íbamos en la cuarta pista del álbum de éxitos del verano de 1997. Los vidrios de mi ventana fueron los primeros en salir disparados como fragmentos de una Granada seguidos del crujido de la puerta de fierro barato con el que se construyen los automóviles de la Toyota. Era un camión de helados que un piedroso de la Colonia se había volado después de asaltar al pobre conductor que venía de su larga jornada vendiéndole paletas de nesquik a los niños que venían saliendo de la primaria en el turno de la tarde. En ese momento mi mente recordó que en una clase de biología de hace 4 años el maestro nos explicó que cualquier animal mayor a 50 kilos calificaba como megafauna. Es increíble como un niño de 7 años puede caer en esa categoría, malditos sean sus padres por amamantarlos con coca cola hasta que sus miados tuvieran la consistencia del jarabe de maíz. El camión de helados se paró de golpe transmitiendo a nuestro auto toda la inercia que su satánica y drogadicta conducción le acumuló. Vi mis dos piernas temblar como espaguetis recién cocinados un segundo antes de que nuestro vehículo comenzara a dar vueltas sin control al ritmo de BACKSTREETS BACK, ALRIGHT! TU TURURURU TU TURURU. Salí disparado por la ventana como si estuviera en modo creativo para después aterrizar sobre la suave ventana de cristal de un sex shop que estaba incómodamente en medio de la avenida, ahí desperté lleno de sangre, vidrios y el lubricante anal de máximo rendimiento que tenían en exhibición, esta cagado como pareciera que todo esta planeado desde un inicio, el lubricante anal trae lidocaína que sirve para disminuir el dolor durante la penetración, o en mi caso el dolor de 4 costillas rotas y 3 vertebras fracturadas. Las buenas noticias fueron que mi mama podría regresar a casa después de unos cuantos días en observación.
Las malas fueron que aparentemente el colon humano no está diseñado para soportar el equivalente a 5 verguiadas de Mike Tyson en 4 segundos. Teníamos poco tiempo para actuar y los doctores eran sumamente contundentes con su información sobre mi caso, no teníamos opción, mi culo estaba completamente obliterado por las fuerzas Newton de mi despegue y mis nalgas estaban totalmente inutilizables, iba a morir en cuestión de días cuando la mierda en mis intestinos se acumulara por no poder evacuar y mi vientre explotara como una fosa séptica a la que se le juntó la presion de sus gases orgánicos. Había una solución, un remedio peor que la enfermedad, la condición de mi maltrecho cuerpo no permitía la formación natural o artificial de un nuevo orificio para fungir como ano, por lo que había que emplear algún orificio que ya estuviera disponible.
Al principio fue un tormento, el dolor de las operaciones, el no poder moverme de la cintura para abajo, la reorganización antinatural de mis vísceras, mi madre me consolaba diciendo que todo dolor era pasajero, pero nadie ni nada me pudo haber preparado para el desafío que de ahora en adelante tendría que afrontar.
Aprendes a disfrutar de la sensación, con el tiempo, claro. Primero sientes la presión en el estomago que viene regularmente con las ganas de cagar, una sensación picante y grave que viaja de tu estómago hasta bajo tu ombligo, aquí es donde las cosas se ponen extrañas para mi, el área del perineo se entumece y mis bolas empiezan a cosquillear, un chorrito de orina con muchísima presión sale disparado de mi uretra precediendo el espectáculo que esta a punto de tomar lugar frente a la taza del inodoro, las venas del pene se hinchan mientras el tejido del tracto urinario se estira para hacer lugar al enorme pedazo de ñordo que baja desde mis intestinos, causando un doloroso placer al abrirse paso por mi órgano, el cual jamás en un millón de años podría haberse imaginado excretando heces humanas por su delicado ojo de cíclope. El estallido es resonante, como el de un pequeño cañón, disparando su marrón firme y apestosa carga hacia un charco de orines pungentes, amarillos casi naranjas. La cirugía hizo muchísimos estragos en mi organismo, pero es muy satisfactorio el poder contarle a la gente cercana a mi que desde aquel fatídico día puedo cagar de pie.
Fue solo cuestión de tiempo para que mis necesidades básicas se superpusieran sobre mis otras necesidades básicas, había algo en el morbo de ver cagar a mi pene que lo hizo extrañamente disfrutable, casi atractivo de mirar, supongo que fue la respuesta de mi cuerpo para no volverse loco de la repulsión cada vez que un granito de elote se asomaba en mis excrementos y raspaba eróticamente el interior de mi tracto urinario. Si querían saber como hacía pipi, mis orines se vaciaba cada vez que iba a hacer caca por la presión que mi colon modificado hacía sobre mi vejiga, pero aún podía orinar voluntariamente si así lo deseaba. Llego pues el día en donde decidí experimentar mi primera paja, unos cuantos meses después de mi operación final, sujete mi pene y me dispuse a ver algún video de orgías caseras en mi página porno favorita, fue extraño cuando noté que mi erección era un poco más gruesa de lo normal. El constante estiramiento de mi macana había suavizado mis tejidos al punto de que les permitió acumular mucho más sangre de lo normal, fue mi grata sorpresa antes de mi ingrato descubrimiento, la excitación hacia que mi pene soltara más gases de lo normal. En ese momento lo primero que pensé es que podía olvidarme de recibir sexo oral por el resto de mi vida, yo se que las mujeres son comprensivas ante los olores del acto sexual, pero dudo que alguien en su sano juicio disfrute la sensación de que se tiren un pedo dentro de su boca. Sin embargo la idea me causó un desconocido placer asqueroso, un pensamiento que me revolvió el estómago y me cosquilleo en las bolas.
Si alguna vez has respirado el aroma de la muerte, un animal atropellado, un matadero de vacas, sabes que es un olor que te debilita las rodillas, una sensación en el aire inquietante que le dice a cada nervio de tu cuerpo que salgas corriendo de ahí, es a lo que puedo comparar el olor de las descargas de mi próstata después de haber masajeado mi vigoroso miembro durante aproximados 15 minutos. Sabia que mi vida sexual era algo que había quedado en el olvido, si bien la noticia de mi pene cagante ya había tomado cierta notoriedad en mis redes sociales, no era algo que le contara a todo mundo. No me sentía acomplejado pero yo sabía que lo primero que pasaría por sus mentes es la imagen de de una fuente de helado escupiendo nieve de chocolate, por eso sabía que sería un problema si decidía continuar con mi relación.
Frida... corazón de mi vida, fuego de mis entrañas, dueña y señora de todas mis pajas, una bellísima mujer de tez morena y más o menos la misma estatura que yo, su hermoso cuerpo era más que suficiente para esclavizar la mirada de cualquier hombre mujer y entidad que tuviera la fortuna de posar su vista en ella y por si fuera poco, la intensidad de su mirada era tan grande que casi era rival para su descomunal intelecto y elocuencia. Frida, la mujer más poderosa bella e increíble que jamás había conocido fue la razón por la cual el orgullo de mi nueva máquina de churros se transformó en vergüenza y odio por mi mismo, sensación con la que jamás imaginé que tendría que lidiar, pues aunque yo no era ni la millonésima parte de lo perfecta que era ella no me consideraba alguien de mal ver.
Era ya un año desde el accidente que cambió mi vida, mi madre quiso llevarme a la iglesia para agradecerle a dios el habernos dado una segunda oportunidad de rondar su tierra, pero era también mi aniversario de 6 meses con aquella mujer que robó mi corazón. Ya avanzada la misa veía mi cuerpo y aunque lo más natural hubiera sido sentir ira contra aquel dios que se robó mi culo después de habermelo prestado durante 24 años, pensaba ¿si estoy hecho a imagen y semejanza del señor, es que el también cagaba por el pene? Y si fue así, de que tamaño era la santa verga de Jesús? Por donde cagaria la virgen María de haber perdido el ano igual que yo? Todas estas preguntas eran para distraerme de lo que sabía que se avecinaba, Frida era una mujer caliente, cachonda y pervertida como ella sola, hasta ahora había logrado mantenerla contenta con fajecillos y mamadas de pantufla, pero cada vez eran más directas sus insinuaciones de que necesitaba una buena rascada de tripas y solo un apéndice masculino saciaría su primal deseo. Quizá podía convencerla de que estaba guardandome para el matrimonio? No... alguna vez llegué a contarle de mi primera experiencia sexual cuando aún eramos amigos, a esa mujer no se le olvidaba el más mínimo detalle, a diferencia de mi que tenía que revisar 4 veces al mes su página de Facebook para asegurarme de que no se acercara su cumpleaños sin que yo ahorrara para comprar algún detalle nada pequeño para tan grande persona. Sin embargo el sermón de ese día logró tocar algo en mi interior, no se si fueron las poéticas palabras del señor sacerdote sobre el valor de la honestidad entre los siervos de dios, o si fueron las manchas de mole poblano que estaban en su sotana y me hacían pensar que estaba comiendo mierda hace apenas minutos de haber comenzado la ceremonia del mediodía. Era verdad, tenía que juntar el valor suficiente para confesarle a mi pareja que mi pene estaba descompuesto, que el destino me arrebató la capacidad de cagar como una persona normal, ella en su infinidad bondad sabría entender mi situación, quizá hasta encontrar una solución a nuestros problemas en la intimidad. Eran pasadas las 4 de la tarde, llegue a la casa de mi enamorada con el miedo de un niño pequeño que acaba de cometer una travesura y es cuestión de segundos para que sus padres vengan a regañarlo, estaba sudando frío, se me cortaba la respiración, toqué la puerta y en ese instante mi mano se paralizó con terror, fija en su posición sin que yo pudiera moverla, no pasa nada, no le tengo que confesar nada, veamos hasta que momento puedo mantener esta mentira de relación y conservar un poco de mi dignidad. Abrió la puerta. Mis ojos se quedaron clavados en los suyos, paralizados igual que el resto de mi existencia, blanca, fría, muerta, que grande fue el dolor de mi alma cuando mis labios comenzaron a moverse solos y pronunciaron las horrorosas palabras "tenemos que platicar de algo"
Imbecil, pendejo idiota pendejo imbecil, me repetía a mi mismo en cólera mientras avanzaba tomado de su mano hacia la sala de su casa, ella era una mujer con muchísima suerte, inmediatamente graduada de la universidad logró encestar su posición en una firma de abogados particulares que le permitieron independizarse de su familia, no como yo, fracasado, desempleado y estudiando una carrera que no iba en ninguna dirección. Llego el momento de sentarme en el sofá que habitaba en medio de la casa, como un gato gordo y orgulloso que ignoraba todos los conflictos a su alrededor, los instantes parecían eternidades, los recuerdos más vergonzosos de mi vida se proyectaban frente a mi como películas hechas solo para atormentarme en mi momento de mayor debilidad, el alivio para mi alma solo llegaría si se abría la tierra bajo nuestros pies y un cataclismo apocalíptico borraba a la humanidad del mapa en este momento, pero yo sabía que no existía un dios tan bondadoso como para hacerme el favor, después de todo fue su culpa que yo estuviera viviendo este calvario. ¿Todo bien? Parecía que era la primera vez que hablaba con ella, no sabía que decir, estaba atorado en un estado de catatonia, demasiado crudo y tenebroso como para describirlo con palabras, quería correr, quería llorar, quería terminar con todo lo más pronto posible, mi alma se quebró y rompí en llanto, su inocente cara de preocupación, tan cálida, tan tranquilizadora, con solo verla recupere mi humanidad y con ella el valor para contarle. Mi amor, no he sido honesto contigo. Con esto abrí el monólogo con el que iba a iluminar toda sombra de duda sobre por qué jamás invitamos a mi pene a nuestras conversaciones románticas. La adrenalina del momento nubla los recuerdos sobre mi conversación con ella, se que le conté a detalle mi punto de vista de la experiencia, le conté sobre mis procedimientos quirúrgicos, le conté con todo el pesar de mi corazón el por que yo jamás bajaba el asiento del baño, no importa cuántas veces fuera, para mi no había necesidad de sentarse, nunca más la tendría. Su perfecto rostro, tan pulcro que parecía haber sido tallado por los grandes maestros del renacimiento en el más fino mármol italiano, quedó con una expresión de sorpresa ¿quizá asco? ¿Quizá miedo? Quizá la naturaleza tan desagradable de mi situación le resultaba tan extraña que no había una forma correcta de responder...
Su mano se posó cálida y suave sobre mis pantalones. Mi susto fue tal que solté un pequeño gas por la punta de mi pichula, un gas pequeño corto y sonoro como el disparo de una pequeña pistola de tobillo, miró hacia mi entrepierna, con unos ojos de bestia salvaje, unos ojos que jamás había visto en su impecable cara, me susurró al oído cosas inexplicables, inentendibles, ella alguna vez escuchó la historia del milagro médico que fue mi órgano sexual, ella soñaba, fantaseaba con poder conocer una pija tan única en el mundo, una riata capaz de producir los 3 estados de la materia, como algo de ciencia ficción. Ella satisfacía sus pavorosos deseos sexuales masturbándose frenéticamente una y otra vez dejando a su imaginación que sería de la pobre salchicha aquella si se llegara a topar con esta máquina sexual de mujer. Mori en ese instante, había muerto 3 veces en los últimos 5 minutos y sin embargo el coloso tifón de emociones que me revolvían el estómago no se detenía, mi cerebro, mi mente, mi realidad no lo podía creer, en vez de darle asco esta mujer tenía fantasías sexuales con un pene que hacía caca, no sabía cómo proceder. Pero ella... ella se encargó de manejar mi cuerpo quien hacía un buen rato había perdido a su piloto y copiloto, yo no era más que un maniquí tieso y caliente a su merced, su mano frotaba mi entrepierna mientras su viscosa húmeda y rosada lengua subía y bajaba por mi cuello sin que yo pudiera decidir si lo disfrutaba o no, la naturaleza llamó, mi órgano genital, como una imponente estatua de bronce, tan dura que es indestructible, se erigió casi rompiendo mis calzoncillos, manchados de un coctel de sustancias, un poco de gas, un poco de orines, un poco de líquido pre seminal, ella respondió a esta involuntaria acción bajando mis shorts hasta mi rodilla, donde instantáneamente mi resorte salió disparado rebotando como si fuera de dibujos animados. BOIOIOIOIOIONGGGG, se detuvo unos instantes, estaba viendo la culminación de todos sus deseos más oscuros, estaba viendo lo que alguna vez fue para ella tan lejano que era prácticamente imposible, estaba observando el pito del hombre que más la amaba, y que ella más amaba en todo el universo. Estaban a punto de culminar el más hermoso acto de amor.
Yo había desayunado tlacoyos, un tipo de desayuno mexicano con base de pan untado de frijoles y con algún guisado, coronado de "pico de gallo" el cual me encantaba bañar sin medida de salsa picante, acompañado de una taza de café negro con un poco de azúcar. Todos estos, ingredientes para la perfecta tormenta de irritación intestinal que se pudiera concebir en el pensamiento, el mismo día que mi mujer se disponía con la rectitud de una bala y la fuerza de un elefante cargando, a meterse mi ano venudo largo y rosa en la boca, sabía que no debía, que le podía decir que cualquier otro día lo podíamos intentar y que hoy no era un buen momento, pero no pude, mis más bajos instintos animales me mantuvieron quieto como un León anestesiado mientras me dejaban la ñonga seca como un hueso. Yo hasta este momento desconocía dicha información, pero frida era capaz de succionar una pelota de béisbol a través de una manguera, su técnica de mamado conjunto a sus manos masajeadoras, podían sacarle semen hasta la pata de una silla, estaba tan perdido en la sensación, sensación que hacia más de un año no tenía el placer de disfrutar y a la vez tan fascinado por ver a este ser, tan candido como asqueroso, tan etéreo e inefable como repugnante, metía con fervor adentro de su garganta la parte de mi cuerpo por donde salían sustancias olores colores y sabores que no tenían nombre ni lugar en la civilización moderna. Tras un festín de sonidos golosos, viscosos y sensaciones paradisíacas sus pupilas se fueron a la dirección de las mías y sonrió, mientras sus labios mascaban mi prepucio con delicadeza. Su mirada inmarcesible me bajo de mi fantasía a la realidad, tan bruscamente que me tiré un pedo, un pedo directamente frente a su cara, nada podía prepararme para lo que la luz que entraba a mis ojos me permitió ver. Sus fosas nasales se abrieron como dos portones de una iglesia, y aspiraron violentamente el aire que de mi pene había emanando, sus ojos perdieron el brillo, llorando del dolor, del asco y del placer que claramente mi culo, que a la vez era mi cañon de hijos le había proporcionado, se volvió errática, se arrancó la ropa en un abrir y cerrar los ojos, salvajemente como una fiera en celo, violenta y agresiva, se montó en mi, que aún tenía los pantalones en las rodillas y en un acto que no podía haber anticipado por el contexto de mi situación, me golpeó el estómago con ambos puños, como si quisiera castigarme por no haberle contado mi penoso secreto antes, el golpe adelantó el flujo de mi tracto digestivo y adelantó un pequeño chorro de orina con tintes marrones que salió purulento, espeso y cálido por mi uretra, ella no aguanto la vista y lo limpio con sus dedos, para después limpiarlos con esa boca de actriz de Hollywood. Sus sentones, productos de la limerencia y la locura, eran tan deliciosos, tan rasposos y cálidos, húmedos y apretados iban de arriba a abajo y arriba a abajo con sus descomunales nalgas y sus tetas de campeonato internacional rebotando al mismo ritmo que bailaban sus caderas sobre mi pedazo de tripa. Ningún mortal debería ser capaz de sentir una liberación, un placer y un dolor tan fuera de este mundo como yo lo sentí en aquel momento, ella era una diosa, físicamente más fuerte que yo, ensartó sus garras de animal en la carne de mis hombros mientras el ritmo de su sube y baja se aceleraba al punto de que mi cadera empezó a crujir, ya no había duda, esta amazona estaba decidida a darme muerte por snusnu, el dolor en mi vientre se comparó al dolor que sentí hace un año, cuando perdí el asterisco entre mis nalgas. Podía sentía el fluir caliente de la hemorragia interna bajar por mi ombligo dirigiéndose a mi pene, pero en la intersección de mis canales excretores se juntó el mojón de mi abundante desayuno chilango, con el sangrado de mis heridas, que me causaban un dolor ardiente y obtuso como una patada en las pelotas. Su clitoris vibrante y rosado se frotaba contra mi pubis, el cual tenía muy poco pelo por naturaleza, mientras mi macana, la cual por primera vez en mi vida se sentía minúscula para complacer a esta mujer que parecía crecer de tamaño a cada segundo, golpeaba su útero con propósitos destructivos, no podíamos más, lo veía en sus ojos, mis huevos se arrugaron momentos antes de que mi glande se expandiera mostrando mis venas moradas sobresalir de mi piel blanca dentro de sus cachetones labios vaginales, que parecían haber estado hechos solo para mi en ese instante, fue rápido, más rápido sus pezones de hot cake me asfixiaban mientras sus piernas se apretaban sobre las mías para atorarme en un candado del que no había escapatoria, un escalofrío recorrió mi cuerpo y el tiempo se detuvo por un instante. El mojón, de forma ovoide, firme por la fibra con la que se crió, salió propulsado como la bala de un cañón, donde toda la fuerza la proporcionaba mi esperma, espeso, entre blanco y rojo por la sangre que lo acompañaba, mi eyaculación y mi cagada fueron tan violentas que cuando mis heces golpearon su matriz Frida salió casi disparada, mientras el semen seguía brotando mi verga como la leche sale del cartón cuando la viertes sobre tu café un lunes en la mañana, todo esto acompañado de unos gritos cavernícolas, unos bramidos tan infernales, que hacían imposible escuchar los gemidos de placer de frida, quien yacía en el piso en posición fetal, inseminada por mi caca tiesa y apestosa, temblorosa y sudorosa, la mujer que hacía instantes parecía el ser más poderoso del planeta ahora tenía más en común con un bebé recién nacido, vulnerable y frágil, ahora todo sería nuevo para ella, el mundo estaba lleno de posibilidades infinitas. Para mi después de la gloria fue la caída, sus sentones animales habían sido tan grotescos con mi pobre cuerpo que la tragedia se volvió a repetir, después de hablarle a la ambulancia y del traslado al hospital los rayos x confirmaron que mi vejiga había explotado como un globo de agua, y mi pelvis, fracturada en tantas piezas que parecía un rompecabezas de nivel avanzado, si quería volver a caminar la terapia sería intensa, insufrible, pero lo haría todo, lo repetiría y después de eso lo haría de nuevo, con tal de poder complacer las escatológicas fantasías de mi diosa. La prisa para ir al hospital fue tanta que no le dio tiempo de expulsar el tampón de mierda que cargaba en el vientre, era como repetir aquel capitulo de ren & stimpy donde tenían un hijo, de popo, con ojos de elote amarillo. Ella conservo el producto de mis tlacoyos como un recuerdo de nuestra coprofilica experiencia, la experiencia donde la sangre, el semen, la mierda, los orines y los pedos, convivieron alegres en una danza del placer que jamás se repetirá en la historia escrita. Ahora me despido, mientras termino mi natilla de chocolate en la cama del hospital, donde tardaré un año para poder recuperar la sensibilidad en mi pene, la habilidad de caminar sin andador y quizá una vez terminada la faena, satisfacer las enfermas y apestosas fantasías de la mujer que de ahora en adelante llamaré mi amada esposa.
Fin.
Si llegaste hasta aqui acabas de leer la mas perversa de las obras del admin de crimenposting, un horror tan obsceno que me averguenzo de poder llamarlo mio. Muchisimas gracias por compartir
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2020.05.09 02:32 DanteNathanael Cárcel: d [Final]

(Antes de empezar, aquí hay un link con una descarga de la historia en PDF.)

“El dolor en tu corazón es grande, pero todo puede sanar,” son las palabras que le dijo su hermano, saliendo detrás de la puerta. Su madre solamente los miro abrazándose, inclinando un poco la cabeza, para después darse la vuelta y seguir con sus quehaceres. Todo lo que dijo Felipe, la manera en la que fue derramando progresivamente su corazón palabra tras palabra, quedó graba en la superficie de la mesa de madera, donde habían nacido nuevos surcos cada vez que su cuerpo no podía más y estallaba en lágrimas, sus uñas buscando la seguridad del dolor. Pero su madre, en ningún momento, más que las pocas palabras—padre, celos, dolor, corazón—que lograban relacionarse con ella, trayéndola en carne viva a la experiencia por la que estaba pasando su hijo, pero no por más de 5 segundos.
Felipe no podía comprender el comportamiento de su madre. Era una de las primeras veces que realmente se abría con ella, que buscaba poderle comunicar por lo que estaba pasando, para que con la magia de las madres, esa que siempre sale en las películas, telenovelas y libros, lo ayudará, le dijera que por lo menos todo iba a estar bien . . . y lo hizo, se lo dijo muchas veces, pero nada de ello sonaba genuino. A media lengua, empujando las palabras, pisándose los talones, un sabor amargo empezaba a ocupar su boca y su mente. Quedaron en silencio unos segundos hasta que su hermano decidió que era necesario intervenir. Había llegado de un viaje largo, muchos lugares visitados, algunos por días, otros por horas, con nada más que una cartera llena de dinero, fotos de su familia, su prometida, sus amigos, todos con sus números en la parte trasera, y una pila de libros de Vonnegut, Pynchon, Borges y Dara.
“Te extrañe mucho,” le decía Felipe, pegado a su pecho, dejando caer lágrimas rápidamente sobre su camisa negra medio abotonada. “N-n-no sabía qu-que regresarías tan pro-nto, Le-Le-vine. . . . ¿Pudissste escuchaa-a-har to-do?”
“La mayor parte, sí. Pero parece que todavía tienes mucho que contar.”
Felipe se despegó de su pecho y lo miró, sus ojos apenas visibles detrás de la pátina de lágrimas burbujeantes, una imagen borrosa ahogada en desesperación en donde lo único que resaltaba era la falta de estructura interna, la muestra líquida de una posible estadística esperando ser añadida a la pila anónima de columnas y gráficas, otro nombre sin substancia, ahí solamente para confirmar que el universo necesita de ciertas reglas para funcionar, de ciertos números de sacrificios en mil y una diferentes maneras, de mil y una causas diferentes, para satisfacer el mecanismo que lo mantenía girando a la deriva de su propia incertidumbre.
Suben a la azotea. Levine toma un par de cojines de la sala y se los avienta en la cara a Felipe, “Piensa rápido,” para que puedan sentarse sin que sus traseros se llenen de piedritas. Arriba, la tarde apenas empieza a hacerse presente, sangrando detrás de las nubes su luz dorada, una impresión del paraíso, el jardín amurallado, detrás de cumulonimbos, cirros y cirrostratos en lo alto, abajo una capa de altocúmulos—un cielo aborregado—se podía vislumbrar por algunos momentos la montaña del Edén. Mirando su cénit, Cheit Eitz HaDa'at parecía tan lejano y Shechinah tan cercana, de nuevo en la tierra, morando entre cada ser vivo o no. . . . Como todo en el cielo, como las estrellas, todo parecía ser solamente una promesa. Felipe sentía el calor en su piel, pero su corazón, antes tan regocijante, tan lleno de energía al primer contacto con algún apéndice de la luz solar, ahora se encontraba apagado, ataviado con el peso de ella.
“Bueno, ya que estamos aquí, ¿por qué no abres tu celular y revisas todas tus redes sociales unos minutos?”
Un poco consternado, Felipe le hizo caso, primero temeroso, pero después consciente un poco más de lo que estaba pasando.
“¿Qué fue lo que sentiste?”
Desde hace unos minutos que Felipe estaba soltando lágrimas de nuevo, poco a poco, pero la pregunta de su hermano lo hicieron rendirse, dejando abiertas las compuertas de la sinceridad.
“Ay. . . . Mmm-e duele . . . taa-nnto ver algo relacionado con e-i-lla . . . ver siquiéera su nombre yá me pár-ara el corazón. . . . Me toma demasiado recobrar la postura. Y cada vez que un pensamiento sur-ge de ella, ya sea porque al-algo m-e-e lo recueerda o por-porque, porque . . . porque pues ya dije, veo su, su-u nombre, me deshago. No . . . ah, no dejo de pensar a veces en que hay muchas más personas hablando con ella que realmente la hacen feliz, que la hacen reír, y que no se acuerda ya para nada de mí, y que no siente nada si de repente se encuentra mi nombre en algún lugar—”
Antes de que Felipe pudiera continuar, Levine seguía riendo tan fuerte que no tuvo de otra más que unírsele.
“Claro que has sido un niño pequeño, un niño idiota que no ha aceptado las dificultades de la vida. Los obstáculos nunca han sido algo a lo cual temer, pero algo a lo cual desafiar. El sueño que tienes, aquel de vivir con amor, amando, luchando por cosas que muy pocos notan su presencia, aunque vive en los corazones de todos, no es uno de un cobarde. Tienes que arreglar demasiadas cosas dentro de ti para hacerlo. ¿Qué se necesita para ser un abogado más que conocer la ley y ser inteligente para negociar? ¿qué se necesita para ser un médico más que años de práctica y estudio, trabajo duro bajo presión y desgaste emocional y físico? y tú, antes de todo eso, quieres ser tú mismo. ¿Sabes lo que eso conlleva? ¡Todo! porque entonces nada de lo que valgas, nada de lo que sientas valer, pueden depender de otra cosa más que de ti mismo. Ninguna relación, ninguna posesión, ninguna acción hecha por o sobre ti.
“Por esto es que nada de lo que hagas, no importa qué tan bello, largo o profundo sea, podrá superar la simple confesión de que la amas y que estas seguro de ello, porque amarla es una responsabilidad: cada día tienes que despertar dispuesto a superar lo que hiciste mal el día anterior sin perder la cordura, tienes que entender la situación como un producto generado por un entendimiento o malentendido entre ambos, pues cada cosa que logren, sea el mejor día de sus vidas o la peor pelea, fue creada por ambos; y si cada día no estás seguro por lo menos de lo que eres, de todo lo que vales para ti, de todo lo que eres sin ella, no podrás saber nunca cómo ayudar en la situación. Ella nunca te va a ser feliz, ella nunca te va a traer la cura para tu depresión . . . te puede acompañar, te puede ayudar, puede aumentar tu felicidad, puede hacerte llegar al orgasmo físico y emocional, pero todo esto esta siempre construido sobre ti, sobre lo que tú ya eres.
“¿Acaso le hiciste caso cuando te dijo que era mejor que te alejarás de ella y que por eso empezó a actuar de la manera que lo hizo, solamente porque te dijo que no la amabas realmente? Jajaja. ¿Ustedes que se conocen tanto que incluso pueden decir lo que el otro siente nadamás así? ni sabían lo que ustedes mismos querían y después de eso ella ya sabía que no la amabas y tu bien obediente le hiciste caso. Por dios, Philip, ¿Se dan cuenta que en realidad solamente le temen a lo que sienten porque creen que nadie los va a aceptar cómo son? Podrás estar en el espectro totalmente opuesto al de ella, pero siguen siendo humanos, y nosotros debemos de tener un equilibrio.
“Toma este ejemplo: las personas con síndromes pesadísimos, como esquizofrenia, demencia y esas cosas, están funcionando perfectamente bien y en acorde a su psique. El mundo está lleno de cosas terribles y las vemos a diario . . . ¿o no? No solamente me refiero a robar, matar y mentir, hay cosas que simplemente vemos como normales, pero no deberían de serlo para nada. ¿Cuántas personas no te pueden contar una historia en la que alguien a quien amaban tanto se fue con tal y tal, que les mintió en la cara cien veces y nunca pudieron recuperarse de ello? ¿qué pasa con todas esas personas que se van a acostar con quien se les de la gana? ¿qué pasa con todas esas personas que les parece bien agarrar a quien sea y violarlas? ¿qué pasa contigo que piensas que ella tiene la culpa porque no tienes la seguridad suficiente como para amar enfrente de todas las dificultades que hay en esta vida? Todo esta funcionando perfectamente en el nivel psíquico, aquí tus etiquetas de malo o bueno no sirven para absolutamente nada, porque todos tienen un propósito bien definido. ¿Puedes ver todo eso que consideras malo y retorcido y no juzgarlo? y más aún, ¿entenderlo?
“Creo que ya te has dado cuenta que todo esto duele más por lo que tu imaginas que por lo que realmente está pasando. Vives en una cárcel hecha de ti mismo, de tus pensamientos y creencias, tanto que simplemente no puedes ver la realidad, no solamente lo que está pasando, pero todo lo que puede pasar. Nunca eres realmente ninguna de las cosas que te dicen hasta que las aceptas. Si te dicen sucio, simplemente por algo que no sabías, tienes de dos: o lo cambias, o te quedas igual y peleas contra ti mismo. Ese dialogo interno, esas luchas internas que llevas a cabo a través de todo el día no son realmente con esa persona, son contigo mismo. Y cuando veas a esa persona de nuevo, no lo vas a ver en realidad, solamente vas a poder verte a ti mismo juzgándote por lo que no aceptaste que eras. . . . Hermano, aceptar no significa dejar ser o tolerar, significa saber desde donde estás partiendo para lograr llegar hacía tu destino. Puede que la vida no sea una línea recta entre A y B, pero sigue teniendo una A y una B, un punto inicial y uno final. Si no sabes desde donde partir, nunca podrás realmente llegar a la tierra prometida. Es por eso que me agrada que seas sincero, aunque por lo que estés pasando no me pueda causar otra cosa que risa. Y es que cuando por fin lo veas desde otro lado, cuando hayas avanzado, te vas a reír de la misma manera.
“También sé que siempre has querido ser como yo. Tratas de caminar el mismo camino, con los mismos zapatos. . . . En algún momento también fui como tú. Tenía una novia llamada Darla por la cual perdí absolutamente la cabeza. No sabía que estaba pasando, pero algo realmente feo me estaba pasando. Me tomó 10 años salir de ella. ¿Y sabes lo que me hizo salir por fin de ella? Simplemente aceptar por lo que estaba pasando. No sé por cuántos años trate de regresar con ella, a veces nos vimos, cojíamos, tratamos de nuevo, pero nada funcionaba. Entonces un día se apareció mi abuelo por aquí, cerca de la casa, me preguntó cómo estaba nuestro padre, y después dijo que le había puesto Francisco por Goya. Jajaja. ¿Puedes creerlo? El viejo si que estaba loco. Pero en ese momento algo entró en mí, y empecé a escribir algo. En unos pocos días lo terminé, le puse de título La Transformación, como la novela de Kafka . . . sí, esa que erróneamente llaman La Metamorfosis, como la épica de Ovidio. En fin, en ella retrataba mi historia, simplemente la retrataba, y al final, en los últimos capítulos, trataba de encontrar la respuesta a lo que me estaba pasando . . . pero no la encontraba. Todos los primeros capítulos no me tomaron más de unas horas completarlos, pero ese último capitulo se portó muy mal conmigo. Y mientras trataba de descubrir lo que podía hacer, simplemente deje de pensar tanto en ella, y empecé a cambiar las cosas hacía mí. Fue entonces cuando me di cuenta de lo que estaba pasando: estaba culpándola a ella por cómo me sentía, por tener dudas con respecto a mí mismo, por simplemente depender de ella para recibir todo, porque sin ella y su aprobación aparentemente yo no existía. El abuelo siempre busco la aprobación de una mujer que conoció en Mazatlán, se llamaba Remedios; nuestros padres siempre tuvieron problemas consigo mismos, Linda una vez me contó que no se habían separado por nosotros, pero Pedro decía que por nosotros era por lo que se iban a separar. Y bueno, ahora lo están, pero no por nuestra culpa. Verás, siempre me ha causado mucha curiosidad que te hayan puesto Felipe, porque es “Fe” de Federico, “Li” de Linda y “Pe” de Pedro, y tú primer nombre, Ángel, mensajero, daría el significado de que tu vida es el mensaje o que eres el mensajero de las vidas de nuestros antepasados. Siempre me pareció curioso, pero ahora que me cuentas de ella, veo que era un mal presagio, pues estás cometiendo los mismos errores que ellos hicieron.
“Cuando terminé la obra, el último capitulo solamente decía todo aquello que me hacía feliz. La releí y estuve satisfecho con ella. Para terminarla, le puse un epígrafe por Chejov, que escribió en una carta para un amigo: ‘una historia sobre un hombre joven, el hijo de un siervo, que ha servido en una tienda, cantando en un coro, atendido el bachillerato y la universidad, que ha sido educado para respetar a todo aquel con mayor rango y posición, a besar las manos del padre, a reverenciar las ideas de otras personas, a ser agradecido con cada mota de pan, que ha sido muchas veces azotado, que ha ido de un pupilo a otro sin zapatos, que ha sido usado para atormentar animales, que ha disfrutado de cenar con sus relaciones adineradas, y ha sido hipócrita frente a Dios y al hombre desde la mera consciencia de su propia insignificancia—escribir sobre como este joven exprime al esclavo de sí, gota por gota, y como al despertar una hermosa mañana ya no siento en sus venas la sangre de un esclavo pero aquella de un hombre real.’
“Así que aquí, te digo a ti, ¿qué vas a hacer ahora que sabes que la relación que quieres tener con ella, y más aún, todas las relaciones que tienes, sean personas o objetos, dependen de la relación que tengas contigo?”
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2020.01.05 23:02 FanFan13 Historia del Estudio Ghibli

Fundado en junio de 1985 en Tokio, Japón, con fondos de la editorial Tokuma Shoten de Tokio, Studio Ghibli fue obra de Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Toshio Suzuki. El éxito de Nausicaä of the Valley of the Wind, un largometraje de anime de 1984 dirigido por Miyazaki y producido por Takahata, con Suzuki también en el comité de producción, impulsó al trío a crear Studio Ghibli para su próxima producción: Laputa: Castle in the Sky, que se estrenó en 1986.
Nausicaä of the Valley of the Wind está considerada como la primera producción de Studio Ghibli, y se incluye a menudo en las colecciones de trabajo del estudio, pero en realidad fue una coproducción entre Tokuma Shoten, Hakuhodo y Top Craft, y se estrenó un año antes de la formación de Studio Ghibli.
El nombre Ghibli hace referencia al nombre árabe del siroco, también conocido como "Viento del Mediterráneo" o "Viento caliente del Sáhara", la intención del estudio era "soplar nuevos vientos a través de la industria del anime". (El nacimiento de Studio Ghibli: 2005). El nombre también rinde homenaje al avión de guerra italiano Caproni Ca.309, apodado Ghibli, que representa el amor de Hayao Miyazaki tanto por Italia como por los aviones. En Japón el nombre se suele pronunciar "jiburi", mientras que en Occidente se suele pronunciar "geeblee" o "giblee".
La intención original del Estudio Ghibli era producir sólo largometrajes basados en obras originales, aunque el estudio ha producido un telefilme, numerosos cortometrajes y anuncios de televisión, así como sus 20 largometrajes. Por cierto, si quieres descargas estas películas puedes hacerlo aquí: descargar peliculas studio ghibli.
En sus 29 años de vida, el Estudio Ghibli ha disfrutado de un éxito masivo con muchas de sus películas tanto en el mercado cinematográfico nacional como en el mundial, con nueve de sus largometrajes entre las veinte películas de anime más taquilleras de todos los tiempos. (1.Spirited Away, 2. Howl's Moving Castle, 3. Ponyo,5. Princesa Mononoke, 6. Arrietty 7. The Wind Rises, 12. Cuentos de Terramar, 14. De Up on Poppy Hill, y 19. El Gato Regresa)
El primer éxito real de taquilla del estudio fue el servicio de entrega de Kiki, que se convirtió en la película de mayor recaudación de 1989 en Japón. La película fue el cuarto estreno del estudio, después de Laputa: Castle in the Sky (1986), Grave of the Fireflies y My Neighbour Totoro (ambas de 1988), aunque el tercer estreno del estudio My Neighbour Totoro ha tenido más éxito y un mayor impacto cultural en el mercado cinematográfico internacional, figurando frecuentemente en las listas de las principales películas en lengua no inglesa y en las principales películas de animación. El estudio también tuvo las películas de mayor recaudación de 1991, 1992 y 1994 en Japón con Only Yesterday, Porco Rosso y Pom Pokorespectively.
Sin embargo, el mayor éxito de Studio Ghibli se produjo en 2001 con el largometraje Spirited Away, escrito y dirigido por Hayao Miyazaki y producido por Toshio Suzuki. Spirited Away se convirtió en la película de mayor recaudación jamás estrenada en Japón, eliminando finalmente aTitanic de James Cameron del primer puesto, además de ser la primera película que recaudó 200 millones de dólares antes de estrenarse en Estados Unidos. La película también recibió el éxito y la aclamación de la crítica en el mercado cinematográfico mundial, convirtiéndose en la única película de anime que ha ganado un Premio de la Academia al Mejor Largometraje de Animación, así como la única película en lengua no inglesa que ha ganado el premio.
En agosto de 2014, Studio Ghibli anunció que detenía temporalmente la producción tras la jubilación del miembro fundador Hayao Miyazaki en 2013, y que la empresa afirmaba estar reestructurándose y reevaluándose tras la jubilación de Miyazaki. Miyazaki continúa trabajando dentro del Estudio Ghibli, trabajando en el Museo Ghibli, creado en 2001, así como en sus propios proyectos de Manga. Esto ha llevado a rumores de que Studio Ghibli nunca producirá otro largometraje, aunque Miyazaki mantiene que su intención no era que Studio Ghibli terminara la producción, sino que quería retirarse, dejando espacio para que surgieran otros escritores y directores de anime.
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2019.03.22 04:31 red_src Referencias PODCAST MIGALA 06: El amor y la amistad.

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2018.08.25 08:12 lupe2k19 Peliculas online completas gratis

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2017.08.14 08:53 Subversivos Odio a muerte en la España profunda

Sucedió el domingo 26 de agosto de 1990 a última hora de la tar­de en un lugar llamado Puerto Hurraco, un pueblo profundo de Ba­dajoz con 205 habitantes censados y protegido por dos montes ne­gros con forma de ala. Los hermanos Emilio y Antonio Izquierdo, de 56 y 58 años, se apostaron en un callejón, descargaron sus escopetas de repetición y abatieron a quince personas. Nueve de ellas murie­ron entre esa fecha y el 10 de septiembre y las seis restantes fueron reponiéndose con desigual fortuna: todas han quedado marcadas por la tragedia, pero algunas tendrán que soportar el recuerdo en una silla de ruedas.
LOS SUCESOS DE EL PAÍS Puerto Hurraco, odio a muerte en la España profunda Los reportajes y ensayos de esta veraniega serie han sido extraídos del libro Los sucesos de EL PAÍS, publicado en 1996 como parte de la conmemoración de los 20 años del diario, lanzado el 4 de mayo de 1976. Históricas firmas del periódico, como Rosa Montero, Juan José Millás o Jesús Duva desmenuzan algunos de los crímenes que han marcado la reciente Historia de España, de la matanza de Atocha al crimen de los Marqueses de Urquijo.
En un principio, los hermanos habían venido decididos a asestar un golpe de muerte a la familia Cabanillas —las dos hijas de Antonio Cabanillas, de trece y catorce años, fueron las primeras en caer—, sus enemigos frontales desde los años veinte, pe­ro el olor de la pólvora y la sangre que corría pendiente abajo por la calle principal les dejó clavados en el suelo y en el gatillo. Al final, dispararon sobre todo lo que vieron. Emilio huyó al monte después del primer cargador. Antonio se quedó allí todavía un rato, hasta agotar el segundo. Horas después, de madrugada, la Guardia Civil tuvo que sacar a tiros a los dos hermanos de un cercano olivar en el que se habían refugiado —tanto, que dos guardias civiles resultaron gravemente heridos. Luego, se comentó que por qué no habían huido, por qué habían quedado atrapados en el lugar rabioso de su cri­men. Tal vez, la venganza, que les había atado a Puerto Hurraco du­rante toda la vida, les atara también después de llevarla a cabo.
El suceso se vivió en España con la extrañeza y el temor de quien se encuentra frente a páginas del pasado resucitadas con actores de carne y hueso. La década recién inaugurada quería significar el ine­luctable fin de aquella otra España de oscura conciencia, aislada del mundo y sobreviviendo dificultosamente de recursos escasos y entre penas y culpas que se colaban por los callejones históricos del pesi­mismo y de la tristeza. Eso había terminado. Estábamos en Europa y ya habíamos dado los primeros pasos hacia una modernidad con­sensuada por los propios y arropada por los extraños. Muchos vie­ron en Puerto Hurraco una fotografía antigua o el último latigazo de un mundo que se extinguía, pero muchos otros se enfrentaron, con una perplejidad interrogante, a un suceso real y presente que ponía en cuestión la idea actual de España, siempre vista a través del pris­ma urbano, cubierta por la sombra avanzada de la capital y de las capitales. Aquí se cifraba la incógnita: se trataba del pasado o se tra­taba de ignorancia del presente.
Dos días después de la matanza, el suplemento dominical del dia­rio EL PAÍS envió a quien esto escribe y al fotógrafo Miguel Gener a buscar las claves de un suceso que reunía paradojas suficientes co­mo para pensar que la averiguación no había concluido con la me­ra información del desastre.
Detrás de los visillos
La primera impresión de Puerto Hurraco, una estrecha calle principal en cuesta, a última hora de la tarde espesa y caliente de agosto, con una mujer que todavía fregaba en las paredes y en el cemento las manchas de sangre, y puertas cerradas a cal y canto, fue la de estar visitando un pueblo con gente vigilando detrás de los visillos de la ventana. De vez en cuando se escuchaba, casi exagera­damente, casi como si uno se lo estuviera inventando o esperase in­ventárselo, un cerrojo que recorría la calle, que salía del pueblo y que se perdía en una resonancia entre los omóplatos de los dos mon­tes negros que planeaban siniestramente sobre las casas blanquea­das. No había nadie en la calle y las únicas figuras visibles eran las de dos guardias civiles sentados en un cuatro latas ladeado sobre una cuneta a la entrada del pueblo.
MÁS INFORMACIÓN Puerto Hurraco, odio a muerte en la España profunda Todo lo publicado en EL PAÍS sobre el caso 2015: Puerto Hurraco quiere olvidar 2010: El último de los asesinos se ahorca en su celda 1994: 688 años de cárcel para los hermanos Izquierdo De vez en cuando, algún vecino cruzaba velozmente y miraba al­rededor como si tuviera que cerciorarse del lugar en que vivía. Con el paso del tiempo, se terminaba descubriendo a otros periodistas y fotógrafos, que salían apresuradamente de una casa para entrar en otra y que ya habían adoptado los hábitos clandestinos de la pobla­ción. El día que siguió al entierro de las víctimas, entre el fragor de cepillos que intentaban borrar la sangre del domingo, un vecino pi­dió a los reporteros que no se marcharan, «porque así se sentían más protegidos». Pero, al mismo tiempo, no aceptaba hospedajes «por temor a represalias». La guerra de Antonio y Emilio Izquierdo ha­bía derivado en una guerra interna: a ver quién dice y qué a los pe­riodistas.
En los días siguientes a la matanza, uno de los aspectos más sorprendentes —para un recién llegado— era el clima de tensión que se había creado entre los propios vecinos. Daba la impresión de que la alarma no había dejado de sonar todavía y de que esta vez el peligro no iba a venir de afuera —Emilio y Antonio vivían en Monte­rrubio de la Serena—, sino de los intestinos de la aldea. La razón, sencilla, pero que tardaba en descubrirse, tenía que ver con los in­trincados lazos de parentesco de los habitantes de Puerto Hurraco. Los Izquierdo y los Cabanillas se odiaban, y el hecho es que una buena parte de las familias de Puerto Hurraco eran Cabanillas o Iz­quierdo, pero una parte aún mayor había mezclado sus apellidos con el sistema endogámico tan habitual en las zonas rurales y aisladas del interior de la península. De forma que los Cabanillas Izquierdo o los Izquierdo Cabanillas suponían un verdadero grueso de la po­blación.
El cementerio era una prueba contundente de esta tupida red de peligros. Situado a un costado de la carretera general, rodea­do de un campo que parecía en estío permanente, mostraba con to­da claridad y en letras de molde la hegemonía de los dos apellidos y de sus mezclas. Para mayor enrarecimiento, en la catástrofe del do­mingo había muerto una cuñada del marido de Emilia Izquierdo, la tercera hermana en discordia junto a Luciana y Ángela —a las que más tarde se acusaría de haber inducido a sus hermanos al asesinato.
En esos días, cada cual podía imaginar la amenaza en el interior de su propia casa o lindando con la del vecino. Todo dependía del bando en que cada uno decidiera alistarse o se sintiera incluido, ha­bida cuenta de que todos y cada uno tenían innumerables posibili­dades de pertenecer a ambos. Por tanto, una cierta arbitrariedad surgida de lo que no se sabía del otro, del próximo, cuyos verdade­ros sentimientos podían haber estado escondidos o disimulados para brotar ahora repentinamente, se unía a la conmoción y al miedo generalizado. La ecuación resultante era, pues, miedo más arbitra­riedad y su solución, una incógnita. Curiosamente, esos mismos tér­minos habían estado, como se vería después, en el origen de la tra­gedia.
Los días que siguieron al suceso fueron días temidos. Había mie­do al regreso de las hermanas presuntamente instigadoras, Luciana y Ángela, evaporadas desde la semana anterior; miedo a Antonio Cabanillas, el padre de las niñas asesinadas; miedo a la respuesta de las distintas ramas de las distintas f31nilias, dentro y fuera del pue­blo; y, sobre todo, un miedo contagioso a que la cuerda del último drama tirase de otros dramas sobre los que el olvido había trabaja­do como una lápida. Algunos vecinos hablaban ya de hacer las ma­letas y de cerrar los escasos negocios. Se temía el éxodo.
Fuera de esto, existía también una aprensión —causada por esta estructura de parentesco— relacionada con que ciertas historias sa­lieran a la luz. Una especie de pudor repentino de una aldea endo­gámica acostumbrada a guardar sus conflictos. Y también un tem­blor vergonzoso a aparecer como el reflejo miserable de esa España profunda, tan traída y llevada por los libros, por el cine y por la te­levisión, de niños en las tinajas, campesinos obtusos y sanguinarios, y malevolencia rural.
En el fondo, con unas cosas y con otras, se estaba jugando la su­pervivencia del pueblo. Había algo más que una disputa sangrienta entre familias: se había puesto en peligro la supervivencia colectiva.
Cuando los vecinos se decidían a hablar era para defender esa su­pervivencia. Insistían, de un modo que se dirigía en primer lugar a su propio convencimiento, como si la presencia del interlocutor sir­viera sobre todo para escucharse a sí mismos, en que el estallido no afectaba más que a los «amadeos» y a los «patas pelás», ramas par­ticulares de los Cabanillas y de los Izquierdo. Aceptar la idea de una guerra entre los Cabanillas y los Izquierdo, sin matices y sin reduc­ciones, era transigir con la idea de una guerra universalizada y con la previsión de una hecatombe a la vuelta de la esquina. Fuera co­mo fuese, el primer gesto de la supervivencia consistía en espantar los fantasmas de una contienda colectiva, particularizando el con­flicto hasta contenerlo en su territorio más pequeño.
La supervivencia, además, merecía la pena en términos objeti­vos. Los términos estaban relacionados con la reciente prosperidad del pueblo, tradicionalmente dedicado a la aceituna, el grano, los cerdos y las ovejas. Las subvenciones estatales y el empleo comuni­tario habían hecho crecer el nivel de vida en los últimos cinco años. Se veían casas nuevas y reformadas por todas partes, las calles es­taban asfaltadas y en los pequeños negocios se respiraban aires de beneficio. Para entenderlo mejor, había que remontarse a la historia de una aldea que no conoció la electricidad hasta los años se­tenta, el agua corriente hasta los ochenta y el asfaltado de las calles hasta hacía seis años. Por primera vez, aquella conciencia colecti­va, secularmente cerrada al mundo, había empezado a asomarse a él. Los defensores de la tesis de la tragedia aislada luchaban con­tra la memoria en una atmósfera de pólvora antigua. Era la memo­ria de una aldea fundada por familias Izquierdo provenientes del cercano Helechal en el siglo pasado y que, a principios de la centu­ria, se encuentran conviviendo con extraños que regresan de una emigración cubana.
En ese momento comenzó la guerra, la guerra de los Camariches (Izquierdo) contra los Habaneros (Cabanillas). Es decir, la guerra de los fundadores contra una familia de intrusos llegada de Cuba. A la vista del entramado presente de parentescos, la resurrección de ese conflicto significaría la guerra de todos contra todos. Después de tan­tos años, y estando tan cerca ya del mundo contemporáneo, los habi­tantes de Puerto Hurraco temían, tras el nefasto domingo de agosto, levantarse por la mañana pensando que cualquiera podía ser un ene­migo, que la fiera dormida podía despertar y llenar el aire de zarpa­zos. Como si no hubiera pasado el tiempo o como si hubiera dado igual que el tiempo hubiera pasado. En ese aspecto, sus sentimientos eran muy semejantes a los sentimientos con que el resto del país les contemplaba. Mientras el país entero, a su vez, se sentía observado por los nuevos y modernos amigos europeos, los mismos que habían surtido la leyenda negra española de hechos que la confirmaban ejemplarmente, de hechos muy semejantes a los de Puerto Hurraco. Seguramente, Puerto Hurraco hizo que los españoles se volvieran tan hipersensibles a la observación como los propios vecinos, y también desde esa oscura culpabilidad nutrida por la incertidumbre y la ig­norancia.
La historia olvidada
Existía, por tanto, una historia de Puerto Hurraco, una historia escondida y, al parecer, fatalmente olvidada, a la que se había re­gresado brutalmente a causa de ese mismo olvido.
Hacia 1920. Unos niños juegan en el polvo marrón de una calle­juela. Los hombres arrastran sus mulas en el campo y las dos len­guas de piedra negra que desde la montaña lamen Puerto Hurraco lanzan chispazos de luz. Los niños son Ángel Cabanillas, apodado El Rapa, y los hijos de La Torcía y La Daniela, ambas de familia Iz­quierdo. De pronto, se enredan en una gresca. El Rapa, de catorce años, se marcha a su casa. Al cabo de un rato, cuando quiere salir de nuevo a la calle, La Torcía y La Daniela le esperan armadas. La madre de Ángel Cabanillas no le deja salir. El incidente crea una tensión desproporcionada entre las familias. No hay un previo con­flicto de tierras, ni otro conocido. Pero la tensión alcanza los años si­guientes, cuando las familias aparecen en la historia completamen­te enconadas.
Año 1928 o 1929. Luis Cabanillas se interpone en la amistad de su hermana Matilde con Alejandro García Izquierdo. Alejandro pide ayuda a los parientes Izquierdo y traman esperar a Luis a la salida del salón de baile de Marcelo Merino. Son las últimas horas de la fiesta, el ambiente del salón está espeso y un amigo de Luis abre la ventana. Por encima de los tejados distingue el perfil lunar de los montes y, con la misma luz, a Alejandro y a sus primos apostados en una de las callejuelas. Luis hace cuestión de honor en salir mientras tantea la navaja que lleva en el bolsillo del pantalón. Antes de que los Izquierdo reaccionen, asesta una puñalada en el cuello a Alejan­dro García. El acuchillado nunca llegó a recuperarse totalmente. «Se quedó como atontado.» Luis Cabanillas fue condenado a siete me­ses de cárcel ya posterior destierro en Peñarroya.
Año 1935. Se repite el suceso con distintos protagonistas e inversa fortuna. Un baile en una fiesta cercana. Basilio Cabanillas ronda a Amelia Izquierdo, prima de Daniel Izquierdo, por mote El Dentis­ta. Al parecer, Basilio y Amelia se entienden. El Dentista interrum­pe la escena y discute con Basilio. El clima se caldea a lo largo de la noche. Finalmente, El Dentista lanza una amenaza y se marcha. Ba­silio regresa al pueblo caminando, sorteando pedregales y olivos en una noche cerrada. El Dentista surge de entre unos matorrales y le apalea hasta tumbarlo. Basilio consigue llegar a su casa y de allí a un hospital de Badajoz, donde tardará semanas en reponerse. Daniel Izquierdo, El Dentista, fue encarcelado y años después tuvo que pa­gar fianza para conseguir la licencia de escopeta.
Hasta estas fechas, los conflictos responden al esquema de Ca­mariches contra Habaneros. No hay disputas materiales de ninguna especie. Las disputas tienen trasfondo grupal y las heredan los pa­rientes por extensión consanguínea y cronológica. Se trata de los fundadores y de los emigrantes que legan a su descendencia una probable competitividad a escala local y sólo explicable dentro de un entorno cerrado donde el roce produce una marca cuya exposición continua tiende a pasar por herida.
El resto forma parte de una historia más y mejor manejada por los que todavía viven. Pasaron 26 años desde las andanzas de El Dentista hasta la desgracia siguiente. En ese plazo largo, que no se­ría el único de magnitud que mediaría entre catástrofes, los Cabani­llas y los Izquierdo debieron de fundirse en una maraña de lazos de parentela, que hoy son inextricables y amenazadores. Estos lazos parecían configurar una paz decisiva. Pero en Puerto Hurraco la paz ni se decide ni tiene dueños.
Años 50. Amadeo Cabanillas Caballero y Manuel Izquierdo, llama­do Mal Tiempo, echan ovejas en los tristes pastos de Puerto Hurraco. Las fincas lindan. No hay cercado, sólo un golpe largo de tierra amon­tonada que las separa. Las ovejas entienden mal la delimitación y se la saltan sin reflexionar. Otra gresca, de no grandes dimensiones, pe­ro que se conserva en la memoria como un hito de este prolongado ca­mino de desavenencias. El que algo así se conserve en la memoria es lo más inquietante de todo.
Año 1961. Se produce el primer choque entre Antonio Cabanillas -el padre de las niñas asesinadas-, todavía niño, y los futuros cri­minales de sus hijas, Emilio y Antonio Izquierdo. «Al niño le tupie­ron la boca de hierba.» El padre de las niñas asesinadas negó en esos días aciagos de agosto que tuviera jamás un roce con Antonio y Emi­lio. Aunque lo negaba no como si negara el hecho, sino como si ne­gara cualquier especie de memoria. Mientras se dirigía con su trac­tor al campo, dos días después de las desgraciadas pérdidas, de la boca de Antonio Cabanillas se escapaba la palabra «maldad» con una certeza religiosa.
El caso es que, sin moverse de la fecha, Amadeo Cabanillas Ri­vera, hijo del otro Amadeo y hermano de Antonio, discutió con Jeró­nimo y Luciana, hermanos de Antonio y Emilio por el asunto del chaval. Luciana se rompe un brazo al caer empujada por Amadeo: ésta es toda la historia de amor que vivieron y que en 1990 levanta­ba especulaciones acerca de un despecho sentimental que habría ali­mentado la última fase del resentimiento. Jerónimo esperó en la fin­ca de Las Pelícanas a Amadeo y lo mató de una cuchillada. Años de cárcel, psiquiátrico y destierro a Monterrubio, a seis kilómetros. El pueblo donde vivían y desde el que tramaron los hermanos Izquier­do la matanza.
1984, veintitrés años más tarde. La casa de Isabel Izquierdo, ma­dre de los convictos y hermana de Mal Tiempo, se incendia. La ma­dre muere, y las hermanas, que estaban esa noche en la casa, acusan a Antonio Cabanillas de haber prendido el fuego y al pueblo entero de no haberles ayudado. Lo cierto es que olvidaron a su madre entre las llamas y que muy pocos vecinos llegaron a despertarse esa noche.
  1. Jerónimo repite cuchillada en la Cooperativa de Monterru­bio, esta vez sobre Antonio Cabanillas, que tiene que ser ingresado. A partir de este momento, los Patas Pelás se enclaustran en su feu­do de Monterrubio. Los hermanos se dedican a jugar a las cartas y a toma: helados de corte, una especie de pasión. Luciana y Ángela van clamando justicia por las calles, se arrodillan delante del cuar­telillo de la Guardia Civil y obligan a los vecinos a desenchufar los frigoríficos ya parar los relojes de pared, por temor a que camufla­ran bombas. Una existencia entre la locura y el miedo, alimentada por confidentes y enzarzadores. Después de que la locura y el miedo hubieran fermentado lo suficiente y se hubieran descompuesto en su propio caldo de cultivo, llegó el domingo sangriento, tras las fiestas de agosto. «Vengo a por el Puerto, esto vengo esperando hace seis años», dicen que gritaba Emilio Izquierdo desde el callejón entre descarga y descarga de su repetidora.
Ruido de cerrojos
Esta historia pudo componerse a partir de fragmentos, de confi­dencias a media voz, hechas en el pequeño bar donde los parro­quianos se limitaban a jugar a las cartas y a vigilar permanente­mente a los periodistas o, tras llamar a alguna puerta, atravesar un largo pasillo y quedarse en el patio del fondo mientras los dueños de la casa echaban los cerrojos. Jamás se confiaban en grupo. Las úni­cas posibilidades dependían de encontrar a solas al interlocutor o de sacarle de la proximidad de los otros. Las mujeres y los hombres ha­blaban en su casa sólo a condición de que no estuviera el cónyuge. La mutua vigilancia a que todos se sometían daba como resultado un silencio a medias y, muchas veces, ficciones o falsedades.
Los más proclives a soltarse, y no mucho, eran los emigrantes que habían regresado para las fiestas y los que habían tomado la deci­sión de marcharse. Por lo general, se negaban a dar el nombre y sólo apuntaban la rama de Izquierdo o Cabanillas a la que pertenecían y cuya posición estratégica en el conflicto era prácticamente imposi­ble desentrañar para el forastero. La mayoría hablaba como Caba­nillas en esos momentos, pero un ligero contraste con el siguiente in­terlocutor arrojaba la idea contraria. No decían su nombre, aunque se denunciaban entre ellos. «Ése con el que dice que ha hablado es un Amadeo» o «ese es un Pata Pelá».
Al llegar la noche, los guardias civiles recomendaban severamen­te que los periodistas dejaran el pueblo. Entonces sí que sonaban los cerrojos más allá de toda atmósfera literaria. Miguel Gener hizo unas espléndidas fotografías de lo que era la noche en Puerto Hurraco, aguantando en aquella oscuridad tensa en la que las luces de los fa­roles se pegaban al suelo y dejaban recortado por encima el cielo an­cho, espeso y nocturno, de las tierras pacenses. Esas fotografías con­siguieron reproducir las tenebrosas impresiones que podría haber sentido cualquiera que se acercara a Puerto Hurraco horas después de la, carnicería. Algo así como meterse en un poblado fantasma del viejo Oeste, pero sin épica, cruzado por caminos que se fundían en la noche y con una carretera cercana que parecía el tramo final de todas las carreteras del mundo. Dentro de las casas, las luces se apa­gaban enseguida y entonces el cielo oscuro empezaba a pesar y a desplomarse como la tapa de un ataúd.
En Esparragosa o en Zalamea, a pocos kilómetros, la noche se vi­vía de muy distinta manera. La gente salía a tomar el fresco al qui­cio de la puerta, se veían corros de adolescentes en las puentecillas y paseantes que se adentraban en la tiniebla de los senderos. Eran las horas para respirar un poco de aire, después de los cuarenta gra­dos de secano que habían carbonizado el día. En Puerto Hurraco no se respiraba, los habitantes parecían contener el aliento hasta que pasara algo que se sentía próximo y fatal. Esa noche calurosa de en­cierro daba la verdadera temperatura del ánimo de la gente.
El día 30 de agosto las hermanas Izquierdo, Ángela y Luciana, salieron de un escondrijo de Madrid y tomaron el expreso de Bada­joz. A partir de ese momento iniciaron su escabroso periplo entre las pretensiones del fiscal, que las acusó de conspirar junto a sus her­manos -aunque la Audiencia de Badajoz revocó en febrero de 1992 el auto de procesamiento-, y su inexorable destino psiquiátrico en Mérida. Pero durante los cuatro días en que estuvieron desapareci­das, Ángela y Luciana se presentaban como la clave que podía des­cifrar los enigmas. Y también disolver el sentimiento de amenaza in­mediata que todavía pesaba sobre las gentes de Puerto Hurraco. Su desaparición había prolongado la inquietud, porque, sin lugar a du­das, tanto para los de Puerto Hurraco como para quienes estaban al tanto en Monterrubio de la Serena, había una diferencia sustancial entre el dedo que había apretado el gatillo y el cerebro que había en­viado la orden.
La casa de Monterrubio era una casa de pueblo de dos plantas pe­queñas embutida en una hilera y tan cerrada a cal y canto como, según decían, lo había estado en los últimos años, cuando los hermanos y hermanas Izquierdo vivían en ella. El diagnóstico del vecindario era tan concluyente como lo fue después el de la Audiencia. Eran dos mu­jeres mayores, de 49 y 63 años, prematuramente envejecidas, cuya existencia estaba organizada alrededor de los líos vecinales, que salían dando gritos de su casa y recorrían las calles insultando a sus parien­tes de Puerto Hurraco y a cualquiera de Monterrubio que se cruzara con ellas, que peregrinaban regularmente al cuartelillo y que, simple­mente, «no podían estar bien». En contraste, Emilio y Antonio rara vez protagonizaban un altercado. Parecían bastante pacíficos o quizá sólo tranquilos y, según la opinión del coro popular de Monterrubio, absolutamente dominados por sus hermanas.
Ninguno de los cuatro se había casado. La única pista sentimen­tal relacionaba a Luciana con Amadeo Cabanillas, en el famoso episodio que concluyó con fractura de huesos para la mujer y que inau­guró la última fase criminal entre las familias antagonistas. Luciana negó en días posteriores que hubiera existido semejante posibilidad, como no podía ser de otra manera. Los cuatro hermanos, por lo de­más, apenas salían de la casa de Monterrubio, donde las persianas estaban permanentemente bajadas y los pestillos echados. Allí fue­ron re cociendo su animadversión y sus malos sentimientos durante seis años.
Con todo ello viene el dilema. La matanza de Puerto Hurraco pue­de ser contemplada a la luz de una historia secular de rencillas y con­flictos que culminó de esa manera como podía haber culminado de cualquier otra parecida, o bien esa tragedia hay que observarla a tra­vés de esta última escena, mucho más reducida, mucho más actual, mucho mejor iluminada. Si fuera así, lo que se ofrece a la vista es el cuadro de cuatro hermanos encerrados en sí mismos, con antece­dentes psiquiátricos y con manifestaciones de desequilibrio patentes, aislados en un pueblo de Badajoz que ni siquiera es el suyo, armados hasta los dientes y profiriendo amenazas constantes, ante la pasivi­dad de instituciones y vecinos. Después se conocería el dominio pa­tológico que los mayores ejercían sobre los pequeños y también sal­drían a la luz abultados rumores sobre la vida de los Izquierdo. Pero no había ninguna necesidad de ello, porque un simple vistazo a los historiales clínicos, al entorno familiar en el que habían crecido y aprendido, a su vida cotidiana y a sus hechos cotidianos, habría bas­tado para anticipar un pronóstico de lo que podría ocurrir y de lo que fatalmente ocurrió.
Los desheredados
La historia de la España negra y profunda siempre ha servido ha­cia dentro y desde fuera. Desde fuera, el que más y el que menos ya sabe cómo ha funcionado. Pero, paradójicamente, también ha sido eficaz a la inversa, tapando la desidia de la sociedad civil y de las instituciones públicas, y arrojando al pozo sin fondo de la concien­cia de un pueblo que se ha movido entre la supervivencia y el olvi­do todos los desastres que nadie era capaz de asumir.
Desde un punto de vista literario y dramático conmueve descubrir que un pueblo de doscientos habitantes guarde en su memoria cen­tenaria un arsenal de disputas que van desde lo ridículo hasta lo ca­tastrófico, con nombres y apellidos, con detalles minúsculos trasmi­tidos de padres a hijos como las palabras de una liturgia, y que la tragedia corone finalmente esta memoria. Pero desde el punto de vis­ta de los hechos, lo único que se acerca a los motivos verdaderos —más allá de las leyendas que nos dejan tan enaltecidos como vulne­rables— es la constatación de que cuatro personas enfermas, indivi­dual y socialmente enfermas, armadas, aisladas y sin escapatoria an­te el mundo, explotaron un mal día en un clima colectivo de asombro que sustituyó automáticamente a una colectiva indiferencia.
Como en las malas películas, todo trató de resolverse judicial­mente. Los juicios tienen la virtud de aplicar condenas y de trasfe­rir las ideas de bien y mal a la potestad de un tribunal o de un ju­rado que, en realidad, sólo se ocupa de crímenes y castigos. El juicio de los hermanos Izquierdo causó la misma expectación que la trage­dia y dejó las cosas en el lugar donde se quedan las cosas intocables.
El 17 de enero de 1994, Antonio y Emilio Izquierdo se sentaron en el banquillo de los acusados, cuando ya se había decidido la re­clusión de sus hermanas en el hospital psiquiátrico de Mérida con un diagnóstico de «delirios paranoides». José Gómez Romero, el psi­quiatra que las tenía a su cargo, declaraba en esas fechas, tres años y medio después de su ingreso, que «Luciana y Ángela han mejora­do algo, poco a poco, pasean con otras internas y, sobre todo, Ánge­la ha desarrollado un poco de su personalidad, condicionada por la de su hermana hasta el punto de que, al principio, las cogías por separado y te hablaba utilizando las mismas expresiones que Lucia­na» (EL PAÍS, 23 de enero de 1994). En el juicio, los peritos psiquiá­tricos llegaron a la conclusión de que Emilio y Antonio Izquierdo su­frían «alteración de la personalidad de carácter paranoide». Cosa que, al parecer, «no alteraba el plano de la conciencia», si bien «so­bre esta personalidad, que constituye terreno abonado, hay una vi­vencia (la muerte de la madre) que es vivida de forma muy trau­mática por estas personas y se convierte en una idea sobrevalorada (la venganza) que invade el campo psíquico del sujeto. En este sen­tido estimamos que su capacidad volitiva podría estar disminuida» (EL PAÍS, 18 de enero de 1994). Dado que la psiquiatría se mueve por el mundo como si fuera una ciencia, hay cosas que los legos no pue­den entender. Por ejemplo, el que la conciencia no se altere cuando hay una idea sobrevalorada que invade el campo psíquico del suje­to, disminuyendo además su capacidad volitiva. Misterios del ser.
Los magistrados, en los fundamentos de derecho, afirmaron además que Emilio y Antonio no eran enfermos mentales, exponiendo el he­cho de que ambos «eran capaces de manejar un rebaño de ovejas de unas 1.000 cabezas» y que tenían fincas arrendadas, «consiguiendo, a pesar de la crisis por la que atraviesa el campo, poseer una carti­lla de ahorros con unos diez millones» (EL PAÍS, 26 de enero de 1994). Es decir, habría una relación inequívoca entre la salud mental y la gestión económica y agropecuaria. Estaríamos aquí ante una especie de protestantismo psicológico —visto a través de la doctrina de la predestinación mental.
Así pues, los delirios paranoides de los hermanos y de las herma­nas Izquierdo tuvieron distinto final como consecuencia de la dife­rente relación con el gatillo. La justicia actuó sobre los hechos y se limitó a sancionarlos, salomónicamente, con sus dos espadas con­temporáneas: el psiquiátrico y la cárcel. El 25 de enero de 1994, An­tonio y Emilio Izquierdo fueron condenados a 688 años de cárcel perfectamente divididos entre ambos como autores criminalmente responsables de nueve asesinatos consumados y seis frustrados. Los ponentes afirmaron que los dos hermanos prepararon por «vengan­za» un «plan de exterminio del mayor número de habitantes posible de Puerto Hurraco».
Aunque la Justicia dictó sentencia, y con ella la sentencia del ol­vido o del comienzo del olvido, lo cierto es que, más que disipar la temida imagen de España, la reveló en fotografías nuevas. La mitad locos o idiotas, la mitad asesinos carniceros. Y, sin embargo, habían pasado muchas otras cosas sobre las que no se podía dictar senten­cia como la abrumada existencia de esas cuatro personas encerradas en una casa de Monterrubio de la Serena hablando con sus fantas­mas en un idioma delirante, o la supervivencia en un entorno capaz de trasmitir de generación en generación la forma en que unas ove­jas se saltaron unas lindes de tierra amontonada para provocar una refriega. El mundo es complicado y la ley lo simplifica en términos de habitabilidad convencional, cuando la ley se cumple. Pero, con toda certeza, la masacre de Puerto Hurraco debió servir para llevar a la superficie una imagen de la España actual más allá de los tópi­cos y de las ideas conformadas a las que invita la desidia intelectual de la que somos ancestrales herederos. Muchas regiones rurales es­pañolas están todavía iniciando el siglo XX y esta situación no se re­fiere solamente a medios materiales de vida o a capacidad de pro­mover recursos, sino también al lugar que ocupan en el proyecto de este país. El abandono a su locura de los cuatro hermanos Izquier­do podría ser también el abandono a que se ha sometido a una vas­ta extensión de la vida española que no encuentra su sitio en ningún proyecto y que no se ve reflejada en ningún futuro. La España ne­gra no está hecha de ningún material particular. Si está hecha de al­go es de los ojos que no quieren mirarla.
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2014.12.07 02:45 gonzalezd Medidas para manejar los contenidos con derecho de autor.

Hace tiempo que estoy en este mundillo de Internet. Y la controversia siempre ha sido clara: Por un lado esta el contenido legal, y por el otro el ilegal.
¿Pero qué es el contenido legal? El contenido legal es aquel que tiene licencia y ha sido adquirida legalmente. Osea pagando impuestos y con el consentimiento del autor.
¿Y que se considera contenido ilegal? Aquel contenido que es adquirido sin pagar y por lo tanto sin pagar impuestos.
Vamos a poner algunos ejemplos.
Ahora bien. En Internet no tiene porqué aplicarse las mismas circunstancias. En internet puedes crear muchas copias de algo sin tener porqué estar robando.
EL DERECHO DE AUTOR.El derecho de autor es un conjunto de normas jurídicas y principios que afirman los derechos morales y patrimoniales que la ley concede a los autores, por el solo hecho de la creación de una obra literaria, artística, musical, científica o didáctica, esté publicada o inédita.
Que opino yo. Opino que un derecho de autor es importante, pero no nos pasemos. Un cantante no puede tener derecho de autor sobre una canción hasta el día que se muera y mas allá. Como elemento cultural y de dominio publico, habría que disminuir a 10 años max. el derecho a percibir dinero por una obra.
Ejemplo: Eres un cantante. Creas una canción que esta en el Top 10 durante 1 año. Y te forras. A continuación esa canción queda en una de las mejores de la década y sigues cobrando. Después de una década esa canción te ha dado 100 millones de Euros. Entonces a los 10 años pierdes los derechos de autor. Entonces esa canción pasa a ser legal en descarga gratuita. ¿El autor esta perdiendo dinero? No. Si este cantante quiere seguir ganando dinero, tendrá que espabilarse y hacer otra canción. Cuantas mas canciones populares haga, mas ganará.
El pueblo tiene derecho a descargársela en X tiempo gratuitamente.Con esta medida un cantante que haya hecho una sola canción no se lucrara de por vida. Es como si un albañil que hiciera una casa, cobrara de por vida por haver hecho esa casa. O un webmaster cobrara toda la vida por haber hecho una web.
Cantantes y Los autores tienen derechos, ¿las editoras también? y las productoras?
Expliquemos que es una editora. Una editora es un intermediario que se ocupa de pagarle a un cantante y también se dedica al negocio del merchandising. Todo esto no por el amor al arte. Éstas se quedan con un buen pellizco. ¿Es importante una editora hoy en día? No. Para empezar hay que decir que los datos indican que los cantantes ganan mas en conciertos que en la venta de discos, y mas hoy en día con Internet. Entonces, volvamos a la pregunta. ¿Son importantes las editoras hoy en dia? son reliquias del siglo XX. Como están en extinción, se agrupan en lobbies y presionan a los gobiernos para que persigan las ofertas en Internet, como por ejemplo youtube, o el streaming de portales.
Así que resumamos. Los autores trabajan para editoras o productoras, éstas se agrupan y presionan a los gobiernos para echar del mercado otras alternativas.
¿Que alternativas tienen las editoras y los autores? A mi parecer, o se adaptan o morirán. ¿Como adaptarse?
PIRATERÍA
la piratería como comúnmente se llama consiste en conseguir un contenido con derecho de autor y distribuirlo en redes P2P y subirlo a servidores de streaming.
Metodología en una película.
1-Alguien consigue una entrada de cine de forma legal. Graba el video y/o el audio y lo distribuye(normalmente de forma gratuita)
2-Otra persona, si la filmación es en Versión Original, se dedica un buen rato a subtitularla. (normalmente de forma gratuita)
3-Otra persona, coge la V.O. y el archivo subtitulado y lo monta y lo sube.
4-Otra persona crea un portal sólo de links a direcciones con películas en streaming y/o P2P
Todo este trabajo lo podría hacer la industria audiovisual y crear muchos puestos de trabajo, digo yo. Considero qeu estas personas que se arriesgan a multas y a cárcel les esta haciendo un servicio a la comunidad. (excepto aquel que se lucra en alguna fase)
PROPUESTAS.
- Dejar de perseguir las webs de enlaces. (mucho del contenido esta en abierto en otros países y en España no) ENLAZAR NO ES DELITO
- Dejar de perseguir las webs de P2P (excepto aquellas que se lucren)
- Perseguir aquella gente que graba en un cine (esto ya se hace)
- Derecho a copia privada. (si tienes un DVD original, puedes hacer una copia para ti solo)
- Limitar a 10 años el copyright de las canciones.
- Anular la Ley Sinde-Wert y la LPI
- No subvencionar a editoras ni productoras con dinero publico.
- Bajar por ley las entradas al cine a 3 euros. (el precio de las entradas de cine es abusivo 8-10 euros por persona) Cuanto mas caro sea el cine, menos gente va al cine. Y muchas veces las películas dejan que desear.
- Bajar el IVA cultural
- Apoyar fiscalmente aquellos autores que prescindan de editoras y productoras.y que dependan de Internet.
- Que las distribuidoras de películas suban versiones de sus películas en bajisima calidad, para que la gente que le guste la película vaya después al cine a verla como dios manda.
Es probable que se me queden en el tintero algunas medidas. Os invito a que, no solo opinéis, sino que deis propuestas concretas. Las iré añadiendo a medida que surjan
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